Apuntes sobre la banalización de las imágenes

Posted on marzo 11, 2014

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Desde hace más de quince días -y al día de hoy- Venezuela experimenta un escenario de manifestaciones violentas que comenzó con protestas estudiantiles exigiendo la salida de un estudiante detenido en Táchira, pero que hoy ha tomado hoy otros caminos. Los enfrenamientos entre civiles, en su mayoría estudiantes quienes se oponen al Gobierno Presidente Nicolás Maduro, y oficiales, Guardia Nacional, Policía Nacional Bolivariana y colectivos afectos al  Gobierno, han dejado hasta la fecha cifras de heridos y muertes que todavía se contabilizan. Sin embargo, las manifestaciones también han traído, a su paso, dobles agendas, falsos profetas, ídolos de barro, blackout mediático, manipulación de información,  páginas de noticias sacadas de la chistera, imágenes falsas y montajes virales construidos para confundirse con la noticia. En el contexto del (re)flujo informativo y el boom del periodismo ciudadano, todas las anteriores constituyen formas y mecanismos de banalización de la información que transforman un acontecimiento relevante en un  dato manipulable, superficial, prescindible, poco serio, aquello descartable que pasa aparentemente inocuo y anodino por el timeline de Twitter o Facebook: una imagen trivial que al tiempo parece diluirse intrascendente.

Producción

Las imágenes pueden  usarse de múltiples maneras: como una forma de desarrollar una visión, como herramienta de investigación de la realidad, como una vía para reflejarnos a nosotros mismos o al mundo exterior, como vehículo para crear una metáfora de lo que vemos a través de la experiencia directa, como lenguaje capaz de expresar simbólicamente quiénes somos, qué vemos y cómo lo vemos.  Sin embargo, las imágenes también son un medio banal, algunas veces bastante superficial,  para representar e ilustrar el mundo existente, a menudo usadas sólo para confirmar lo que creemos que ya sabemos. Lo que conocemos como realidad depende en gran medida del punto de vista del protagonista. Sin embargo, la realidad está determinada por nuestra experiencia, dice Walter Benjamin: “Lo que hacemos y pensamos se encuentra lleno del ser del padre y de los antepasados. Nos esclaviza sin descanso un simbolismo no comprendido”.

The Belknap Press of Harvard University Press Cambridge, Massachusetts • Walter Benjamin,Early Writings 1910-1917 London, England 2011

The Belknap Press of Harvard University Press Cambridge, Massachusetts • Walter Benjamin,Early Writings 1910-1917 London, England 2011

Entonces la realidad es el resultado de lo que vemos mediado por nuestras propias experiencias, anclajes y representaciones. Así las cosas, existe una línea borrosa entre lo que vemos y cómo lo vemos; en lo último es donde opera la experiencia. Lo anterior supone que  lo que decimos sobre lo que vemos condiciona la mirada de otros, condiciona la historia. En el terreno sensible y complejo de la interpretación, banalizar las imágenes es transitar en la frontera entre la realidad y la ficción, es una forma de violencia latente que fractura y deshumaniza la comunicación. Cuando se manipula una imagen, tanto el que la genera como todo aquello que queda registrado, se ve obligado a formar parte de una ilusión. Esa historia o ese suceso que tuvo carácter tangible, queda entonces condenado y confinado a la ficción.

Las imágenes, aquellas que provienen tanto de la fotografía como del video, se crean a partir de la noción de separación. El marco separa el detalle de la totalidad de lo visible, todo lo que es incluido excluye, y viceversa. La fotografía  por ejemplo, es un acto de selección y un acto de separación al mismo tiempo: definir los límites de la imagen es también  una manera de presentar un postura, una visión. Cada selección es un límite que determina  una imposición, implica renuncia a cierta información pero también implica un camino semántico. Pasa también con las imágenes en movimiento y con la información periodística. En los límites de la fotografía está implícita la naturaleza del procesos de substracción: todo lo que sea incluido en este espacio  resulta una abstracción de la realidad codificada en imagen. Esto no le es reprochable a la fotografía ni al video: es sólo una de las limitaciones naturales del medio.

Distribución

Actualmente las imágenes van hipermultiplicándose. Comienzan a partir de un clip de video de una cámara de seguridad que se transforma en una fotografía con leyenda para luego ser distribuida a través diversos canales de comunicación, incluidas  las redes sociales. En medio del proceso,  la imagen inicial sufre múltiples alteraciones y mutaciones: ediciones de video y de texto con relación a la imagen original, así como retwiteo del contenido con información adicional, la mayoría sin confirmar, o simplemente de carácter opinativo. Así, la imagen transita cambiando su significado y significante tomando caminos inesperados. Las imágenes pueden ser manipuladas también en el proceso de distribución.

Sin embargo, lo más perverso que esconde la hipermultiplicación de la imagen radica, por una parte, en la pérdida del contenido, del significado real de la foto, y por la otra la progresiva ausencia de sensibilidad ante el acontecimiento original. Ya lo había dicho Susan Sontag:

Sontag, S (2005) Sobre la fotografía. Editorial Alfaguara, México.

Sontag, S (2005) Sobre la fotografía. Editorial Alfaguara, México.

Percepción

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

Ludwig Wittgenstein

En el marco de los acontecimientos que hoy nos ocupan, las imágenes son las que terminan de anclar la realidad, pero al mismo tiempo quienes observamos continuamente estas imágenes entramos en un doble juego ¿si la verdad en tanto documento está dada por las imágenes, cómo enfrentamos aquello que está afuera de la cámara (lo que no está en la imagen) y que se presenta diferente a la realidad del lente? ¿qué sucede con aquello que todavía no es imagen, eso que no fue registrado?

Nuestros sentidos son limitados, y lo que vemos necesita ser interpretado para ser comprendido. El acto de separar las imágenes fuera  del todo es el comienzo de un proceso a través del cual le damos sentido a lo que vemos. Así el fragmento que extraemos de la realidad, a través de una fotografía o una imagen en movimiento, se transforma inmediatamente en la totalidad del evento mismo, una nueva realidad.  De este modo, aquel fragmento de la realidad que pasa frente a nuestros ojos, ya está mediado por quien genera la imagen, pero también será interpretado por nuestras propias experiencias, complejo proceso.

Diane Arbus, fotógrafa norteamericana,  decía en su diario: “una fotografía es un secreto sobre un secreto, cuanto más te cuenta menos sabes”.  Las imágenes siempre explican una realidad pero no la narra en su totalidad: solo muestran la realidad del que la mira o el que la toma. Por eso esa comprensión depende de los secretos de uno mismo. Es aquella parte de nosotros que no conocemos la que a menudo interpreta las fotografía que vemos o hacemos aunque no tengamos conciencia de ello.

Aportes

Banalizar las imágenes es banalizar su contenido, vaciarlo de sentido, llevarlo al grado cero. Banalizar las imágenes es descontextualizar la realidad y llevarla al terreno de la ficción, y la ficción es fantasía. Lo anterior disocia la imagen como elemento comunicador, genera rumor, ambigua el evento, fractura y polariza. Esperemos que no para siempre.

En los tiempos que corren, manipular las imágenes es jugar a la banalización de su contenido. Cada imagen es una decisión en la cual establecemos límites, trincheras que nos imponemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestra fuerza -como nuestra debilidad- reside en nuestros límites. El poder de nuestra visión reside en los espacios de nuestro propio lenguaje, de nuestra percepción, de nuestra experiencia: es momento de estudiar, de agudizar los sentidos a propósito de las imágenes y los contenidos que generamos y multiplicamos, pero también de los que consumimos. Piensa: que la imagen sea el lugar para pensar, teórica y experimentalmente. Educa el ojo: lo que vemos, lo hacemos en un estado mental. Es también una práctica retadora.

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